ÍNDICE
El libro de Urantia
Edición 1999
DOCUMENTO 154
Los ÚLTIMOS DÍAS EN CAFARNAUM
1717:2 154:0.2
DURANTE la noche memorable del sábado 30 de abril, mientras Jesús dirigía
unas palabras de consuelo y de ánimo a sus discípulos abatidos y desconcertados,
Herodes Antipas estaba celebrando un consejo en Tiberiades con un grupo de
delegados especiales que representaban al sanedrín de Jerusalén. Estos escribas
y fariseos instaron a Herodes para que arrestara a Jesús; hicieron todo lo
posible para convencerlo de que Jesús incitaba al populacho a la disensión
e incluso a la rebelión. Pero Herodes se negó a emprender una acción contra
él como delincuente político. Los consejeros de Herodes le habían informado
correctamente sobre el episodio sucedido al otro lado del lago, cuando la
gente intentó proclamar rey a Jesús y cómo éste había rechazado la proposición.
1717:2 154:0.2
Un miembro de la familia oficial de Herodes, Chuza, cuya esposa pertenecía
al cuerpo asistente de mujeres, le había informado que Jesús no se proponía
entrometerse en los asuntos de la soberanía terrestre; que sólo estaba interesado
en establecer la fraternidad espiritual de sus creyentes, una fraternidad
que él llamaba el reino de los cielos. Herodes tenía confianza en los informes
de Chuza, de tal manera que se negó a interferir en las actividades de Jesús.
En esta época, la actitud de Herodes hacia Jesús también estaba influída por
su miedo supersticioso de Juan el Bautista. Herodes era uno de esos judíos
apóstatas que, aunque no creía en nada, tenía miedo de todo. Tenía cargo de
conciencia por haber hecho morir a Juan, y no quería verse enredado en estas
intrigas contra Jesús. Conocía muchos casos de enfermedades que habían sido
curadas aparentemente por Jesús, y lo consideraba como un profeta o como un
fanático religioso relativamente inofensivo.
1717:3 154:0.3
Cuando los judíos lo amenazaron con informar al César de que estaba amparando
a un súbdito traidor, Herodes los expulsó de su cámara del consejo. Las cosas
permanecieron así durante una semana, a lo largo de la cual Jesús preparó
a sus seguidores para la dispersión inminente.
1. UNA SEMANA DE DELIBERACIONES
1717:4 154:1.1 Del 1 al
7 de mayo, Jesús mantuvo deliberaciones íntimas con sus seguidores en la casa
de Zebedeo. Sólo los discípulos probados y de confianza fueron admitidos a
estas conferencias. En esta época sólo había unos cien discípulos que tenían
la valentía moral de desafiar la oposición de los fariseos y de declarar abiertamente
su adhesión a Jesús. Con este grupo mantuvo sesiones por la mañana, por la
tarde y por la noche. Todas las tardes se congregaban pequeños conjuntos de
investigadores al borde del mar, donde algunos evangelistas o apóstoles conversaban
con ellos. Estos grupos raras veces contenían más de cincuenta personas.
1717:5 154:1.2
El viernes de esta semana, los dirigentes de la sinagoga de Cafarnaum tomaron
medidas oficiales para cerrar la casa de Dios a Jesús y a todos sus seguidores.
Esta acción se emprendió a instigación de los fariseos de Jerusalén. Jairo
dimitió como dirigente principal y se alineó abiertamente con Jesús.
1718:1 154:1.3
La última reunión al lado del mar tuvo lugar el sábado 7 de mayo por la tarde.
Jesús se dirigió a menos de ciento cincuenta personas que se habían congregado
en esta ocasión. Este sábado por la noche, la corriente de la estima popular
por Jesús y sus enseñanzas se encontró en su punto más bajo. Desde entonces
en adelante, los sentimientos favorables aumentaron lenta y constantemente,
pero de una manera más sana y digna de confianza; se empezó a formar un nuevo
grupo de partidarios que estaba mejor cimentado en la fe espiritual y en la
verdadera experiencia religiosa. Ahora había terminado definitivamente la
etapa de transición, más o menos mixta y de compromisos, entre los conceptos
materialistas del reino que tenían los seguidores del Maestro, y los conceptos
más idealistas y espirituales que Jesús enseñaba. De ahora en adelante, el
evangelio del reino se proclamó más abiertamente en su más amplia extensión
y con sus vastas implicaciones espirituales.
2. UNA SEMANA DE DESCANSO
1718:2 154:2.1 El domingo
8 de mayo del año 29, el sanedrín aprobó un decreto en Jerusalén que cerraba
todas las sinagogas de Palestina a Jesús y a sus seguidores. Fue una usurpación
de autoridad, nueva y sin precedentes, por parte del sanedrín de Jerusalén.
Hasta ese momento, cada sinagoga había existido y funcionado como una congregación
independiente de fieles, bajo el mando y la dirección de su propio consejo
rector. Sólo las sinagogas de Jerusalén se habían sometido a la autoridad
del sanedrín. Cinco miembros del sanedrín dimitieron a consecuencia de esta
acción sumaria. Se despacharon inmediatamente cien mensajeros para trasmitir
e imponer este decreto. En el corto espacio de dos semanas, todas las sinagogas
de Palestina se habían inclinado ante esta proclamación del sanedrín, excepto
la de Hebrón. Los dirigentes de la sinagoga de Hebrón se negaron a reconocer
el derecho del sanedrín a ejercer esta jurisdicción sobre su asamblea. Esta
negativa a aceptar el decreto de Jerusalén se basaba más en la discordia sobre
la autonomía de su congregación, que en su simpatía por la causa de Jesús.
Poco tiempo después, la sinagoga de Hebrón fue destruida por un incendio.
1718:3 154:2.2
Jesús decretó una semana de vacaciones este mismo domingo por la mañana, y
estimuló a todos sus discípulos para que volvieran a sus hogares o con sus
amigos para dar descanso a sus almas perturbadas y expresar palabras de aliento
a sus seres queridos. Dijo: "Id a vuestros lugares de residencia para
distraeros o pescar, mientras rezáis por la expansión del reino."
1718:4 154:2.3
Esta semana de descanso permitió a Jesús visitar a muchas familias y grupos
cerca de la costa. También fue a pescar en varias ocasiones con David Zebedeo;
aunque circulaba solo la mayor parte del tiempo, siempre estaba vigilado de
cerca por dos o tres de los mensajeros más fieles de David, que tenían órdenes
precisas de su jefe con respecto a la seguridad de Jesús. No hubo ningún tipo
de enseñanza pública durante esta semana de descanso.
1718:5 154:2.4
Ésta fue la semana en que Natanael y Santiago Zebedeo sufrieron una grave
enfermedad. Durante tres días y tres noches padecieron la fase aguda de un
doloroso desorden digestivo. A la tercera noche, Jesús envió a descansar a
Salomé, la madre de Santiago, mientras él cuidaba de sus apóstoles que sufrían.
Por supuesto, Jesús podía haber curado instantáneamente a estos dos hombres,
pero éste no es el método que emplean el Hijo o el Padre para tratar estas
dificultades y aflicciones corrientes de los hijos de los hombres, en los
mundos evolutivos del tiempo y del espacio. A lo largo de toda su vida extraordinaria
en la carne, Jesús no utilizó ni una sola vez ningún tipo de ayuda sobrenatural
para ningún miembro de su familia terrestre, ni en beneficio de ninguno de
sus seguidores inmediatos.
1719:1 154:2.5
Es necesario enfrentarse con las dificultades del universo y tropezar con
los obstáculos planetarios, como parte de la educación experiencial proporcionada
para el crecimiento y el desarrollo, para la perfección progresiva, del alma
evolutiva de las criaturas mortales. La espiritualización del alma humana
requiere una experiencia íntima con el proceso educativo de resolver una amplia
gama de problemas universales reales. La naturaleza animal y las formas inferiores
de criaturas volitivas no progresan favorablemente en un ambiente fácil. Las
situaciones problemáticas, asociadas con los estímulos para ponerse en acción,
se confabulan para producir esas actividades de la mente, del alma y del espíritu
que contribuyen poderosamente a la obtención de los objetivos meritorios de
la progresión mortal, y a la consecución de los niveles superiores de destino
espiritual.
3. LA SEGUNDA CONFERENCIA EN TIBERIADES
1719:2 154:3.1 El 16 de
mayo se convocó en Tiberiades la segunda conferencia entre las autoridades
de Jerusalén y Herodes Antipas. Tanto los jefes religiosos como los dirigentes
políticos de Jerusalén estaban presentes. Los líderes judíos pudieron informar
a Herodes de que prácticamente todas las sinagogas de Galilea y de Judea habían
cerrado sus puertas a las enseñanzas de Jesús. Hicieron nuevos esfuerzos para
conseguir que Herodes arrestara a Jesús, pero él se negó a ceder a sus peticiones.
Sin embargo, el 18 de mayo, Herodes aceptó el plan que permitía a las autoridades
del sanedrín apresar a Jesús y llevarlo a Jerusalén para ser juzgado por infracciones
religiosas, a condición de que el gobernador romano de Judea estuviera de
acuerdo. Mientras tanto, los enemigos de Jesús difundieron activamente el
rumor, por toda Galilea, de que Herodes se había vuelto hostil a Jesús, y
que tenía la intención de exterminar a todos los que creían en sus enseñanzas.
1719:3 154:3.2
El sábado 21 de mayo por la noche llegó a Tiberiades la noticia de que las
autoridades civiles de Jerusalén no ponían objeciones al acuerdo establecido
entre Herodes y los fariseos de que Jesús fuera arrestado y llevado a Jerusalén
para ser juzgado delante del sanedrín, acusado de burlarse de las leyes sagradas
de la nación judía. En consecuencia, poco antes de la media noche de este
día, Herodes firmó el decreto que autorizaba a los oficiales del sanedrín
a prender a Jesús dentro de los dominios de Herodes, y llevarlo a la fuerza
a Jerusalén para ser juzgado. Herodes sufrió fuertes presiones de muchos lados
antes de que se decidiera a conceder este permiso, y sabía muy bien que Jesús
no podía esperar un juicio justo de sus enemigos encarnizados de Jerusalén.
4. EL SÁBADO POR LA NOCHE EN CAFARNAUM
1719:4 154:4.1 Este mismo
sábado por la noche, un grupo de cincuenta ciudadanos importantes de Cafarnaum
se reunió en la sinagoga para debatir la importante cuestión: "¿Qué vamos
a hacer con Jesús?" Hablaron y discutieron hasta después de la media
noche, pero no pudieron encontrar un terreno común para ponerse de acuerdo.
Aparte de algunas personas que tendían a creer que Jesús podría ser el Mesías,
al menos un hombre santo, o quizás un profeta, la asamblea estaba dividida
en cuatro grupos casi iguales, que sostenían respectivamente los puntos de
vista siguientes sobre Jesús:
1. Que era un fanático religioso iluso e inofensivo.
2. Que era un agitador peligroso y astuto, capaz de incitar a la rebelión.
3. Que estaba aliado con los demonios, y que podía incluso ser un príncipe
de los demonios.
4. Que estaba fuera de sí, que estaba loco, desequilibrado mentalmente.
1720:3 154:4.2
Se habló mucho sobre las doctrinas que Jesús predicaba y que trastornaban
a la gente corriente; sus enemigos sostenían que sus enseñanzas eran impracticables,
que todo saltaría en pedazos si todo el mundo hiciera un esfuerzo honrado
por vivir de acuerdo con sus ideas. Los hombres de muchas generaciones posteriores
han dicho las mismas cosas. Incluso en la época más iluminada de las presentes
revelaciones, muchos hombres inteligentes y con buenas intenciones sostienen
que la civilización moderna no podría haberse construido sobre las enseñanzas
de Jesús -y en parte tienen razón. Pero todos esos escépticos olvidan que
se podría haber construido una civilización mucho mejor sobre sus enseñanzas,
y que alguna vez se construirá. Este mundo nunca ha intentado seriamente poner
en práctica, a gran escala, las enseñanzas de Jesús, aunque a menudo se han
hecho intentos poco entusiastas por seguir las doctrinas del llamado cristianismo.
5. EL MEMORABLE DOMINGO POR LA MAÑANA
1720:4 154:5.1 El 22 de
mayo fue un día memorable en la vida de Jesús. Este domingo por la mañana,
antes del amanecer, uno de los mensajeros de David llegó apresuradamente de
Tiberiades, trayendo la noticia de que Herodes había autorizado, o estaba
a punto de autorizar, el arresto de Jesús por parte de los oficiales del sanedrín.
Al recibir la noticia de este peligro inminente, David Zebedeo despertó a
sus mensajeros y los envió a todos los grupos locales de discípulos para convocarlos
a una reunión de emergencia a las siete de aquella misma mañana. Cuando la
cuñada de Judá (hermano de Jesús) escuchó este informe alarmante, avisó rápidamente
a todos los miembros de la familia de Jesús que vivían cerca, convocándolos
a que se congregaran inmediatamente en la casa de Zebedeo. En respuesta a
este llamamiento apresurado, María, Santiago, José, Judá y Rut se reunieron
enseguida.
1720:5 154:5.2
En esta reunión por la mañana temprano, Jesús impartió sus instrucciones de
despedida a los discípulos reunidos; es decir, se despidió de ellos por ahora,
sabiendo muy bien que pronto serían expulsados de Cafarnaum. Aconsejó a todos
que buscaran la guía de Dios y que continuaran la obra del reino sin preocuparse
por las consecuencias. Los evangelistas debían trabajar como estimaran conveniente
hasta el momento en que se les pudiera llamar. Escogió a doce evangelistas
para que lo acompañaran; ordenó a los doce apóstoles que permanecieran con
él, pasara lo que pasara. Indicó a las doce mujeres que permanecieran en la
casa de Zebedeo y en la de Pedro hasta que enviara a buscarlas.
1720:6 154:5.3
Jesús permitió que David Zebedeo continuara con su servicio de mensajeros
por todo el país, y al despedirse luego del Maestro, David dijo: "Ve
a efectuar tu labor, Maestro. No te dejes atrapar por los fanáticos, y no
dudes nunca de que los mensajeros te seguirán. Mis hombres nunca perderán
el contacto contigo; gracias a ellos, sabrás cómo progresa el reino en otras
regiones, y por medio de ellos todos tendremos noticias tuyas. Nada que pueda
ocurrirme interrumpirá este servicio, porque he nombrado un primero y un segundo
sustitutos, e incluso un tercero. No soy ni un instructor ni un predicador,
pero mi corazón me exige que haga esto, y no hay nada que pueda detenerme."
1720:7 154:5.4
Aproximadamente a las siete y media de esta mañana, Jesús empezó su discurso
de despedida a casi cien creyentes que se habían apiñado en el interior de
la casa para escucharlo. Fue un acontecimiento solemne para todos los presentes,
pero Jesús parecía excepcionalmente alegre; una vez más volvía a ser el mismo
de siempre. La seriedad de las últimas semanas había desaparecido, y los inspiró
a todos con sus palabras de fe, de esperanza y de valentía.
6. LLEGA LA FAMILIA DE JESÚS
1721:1 154:6.1 Eran aproximadamente
las ocho de la mañana de este domingo cuando cinco miembros de la familia
terrestre de Jesús llegaron al lugar, en respuesta al llamamiento urgente
de la cuñada de Judá. De toda su familia carnal, solamente Rut había creido
constantemente y de todo corazón en la divinidad de su misión en la tierra.
Judá, Santiago e incluso José, aun conservaban gran parte de su fe en Jesús,
pero habían dejado que el orgullo obstaculizara su mejor saber y entender
y sus verdaderas inclinaciones espirituales. María estaba desgarrada por igual
entre el amor y el temor, entre el amor maternal y el orgullo familiar. Aunque
estaba abrumada por las dudas, nunca había podido olvidar por completo la
visita de Gabriel antes del nacimiento de Jesús. Los fariseos se habían esforzado
por persuadir a María de que Jesús estaba fuera de sí, de que estaba loco.
Le insistieron para que fuera con sus hijos y tratara de disuadirlo de continuar
con sus esfuerzos de enseñanza pública. Aseguraron a María que la salud de
Jesús estaba a punto de quebrantarse, y que si se le permitía continuar, el
único resultado sería que el deshonor y la ignominia caerían sobre toda la
familia. Así pues, cuando recibieron la noticia de la cuñada de Judá, los
cinco partieron inmediatamente hacia la casa de Zebedeo, pues se hallaban
todos juntos en el hogar de María, donde se habían reunido con los fariseos
la noche anterior. Habían conversado con los dirigentes de Jerusalén hasta
muy entrada la noche, y todos estaban más o menos convencidos de que Jesús
actuaba de una manera extraña, de que se había comportado de forma extravagante
desde hacía algún tiempo. Aunque Rut no podía explicar todos los motivos de
su conducta, insistió en que Jesús siempre había tratado equitativamente a
su familia, y se negó a participar en el programa consistente en intentar
disuadirlo de que continuara su obra.
1721:2 154:6.2
Por el camino hacia la casa de Zebedeo, discutieron sobre todas estas cosas
y acordaron entre ellos tratar de persuadir a Jesús para que volviera a casa
con ellos, porque, según decía María: "Sé que podría influir en mi hijo
si tan sólo quisiera venir a casa y escucharme." Santiago y Judá habían
oído rumores sobre los planes para arrestar a Jesús y llevarlo a Jerusalén
para ser juzgado. También tenían miedo por su propia seguridad. Mientras Jesús
había sido una figura popular a los ojos de la gente, su familia había dejado
que las cosas siguieran su curso, pero ahora que la población de Cafarnaum
y los dirigentes de Jerusalén se habían vuelto repentinamente contra él, empezaron
a sentir en lo más vivo la presión de la supuesta desgracia de su embarazosa
situación.
1721:3 154:6.3
Habían esperado encontrar a Jesús, cogerlo aparte, e instarlo a que volviera
a casa con ellos. Habían pensado en asegurarle que se olvidarían de que los
había descuidado -que perdonarían y olvidarían- con que sólo renunciara a
la tontería de intentar predicar una nueva religión que sólo le acarrearía
problemas y traería el deshonor a su familia. Ante todos estos razonamientos,
Rut se limitaba a decír: "Le diré a mi hermano que pienso que es un hombre
de Dios, y que espero que esté dispuesto a morir antes de permitir que esos
malvados fariseos pongan fin a su predicación." José prometió mantener
callada a Rut mientras los demás trataban de convencer a Jesús.
1721:4 154:6.4
Cuando llegaron a la casa de Zebedeo, Jesús estaba en plena exposición de
su discurso de despedida a los discípulos. Trataron de entrar en la casa,
pero estaba atestada a rebosar. Terminaron por instalarse en el pórtico de
atrás e hicieron saber a Jesús, de persona en persona, la noticia de su llegada;
finalmente, Simón Pedro se lo anunció en voz baja, interrumpiendo su discurso
para decirle: "Mira, tu madre y tus hermanos están fuera, y están muy
impacientes por hablar contigo." Ahora bien, a su madre no se le había
ocurrido pensar en la importancia que tenía dar este mensaje de despedida
a sus seguidores, ni tampoco sabía que su discurso podía terminar probablemente
en cualquier momento por la llegada de sus captores. Después de una separación
aparente tan prolongada, y en vista del favor que ella y sus hermanos le hacían
viniendo de hecho hasta él, María creía realmente que Jesús dejaría de hablar
e iría a reunirse con ellos en cuanto se enterara de que lo estaban esperando.
1722:1 154:6.5
Éste fue otro de esos casos en los que su familia terrestre no podía comprender
que Jesús tenía que ocuparse de los asuntos de su Padre. Así pues, María y
sus hermanos se sintieron profundamente ofendidos cuando, a pesar de que interrumpió
su discurso para recibir el mensaje, en lugar de salir precipitadamente para
saludarlos, escucharon su voz melodiosa aumentar de tono para decir: "Decid
a mi madre y a mis hermanos que no teman nada por mí. El Padre que me ha enviado
al mundo no me abandonará, y mi familia tampoco sufrirá ningún daño. Rogadles
que tengan buen ánimo y que pongan su confianza en el Padre del reino. Pero,
después de todo, ¿quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Y extendiendo
las manos hacia todos sus discípulos congregados en la sala, dijo: "Yo
no tengo madre; yo no tengo hermanos. ¡He aquí a mi madre y he aquí a mis
hermanos! Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los
cielos, ése es mi madre, mi hermano y mi hermana."
1722:2 154:6.6
Cuando María escuchó estas palabras, se desmayó en los brazos de Judá. La
llevaron al jardín para reanimarla, mientras Jesús pronunciaba las últimas
palabras de su mensaje de despedida. Entonces hubiera salido para conversar
con su madre y sus hermanos, pero un mensajero llegó apresuradamente de Tiberiades,
trayendo la noticia de que los oficiales del sanedrín estaban de camino con
autoridad para detener a Jesús y llevarlo a Jerusalén. Andrés recibió este
mensaje, e interrumpió a Jesús para comunicarselo.
1722:3 154:6.7
Andrés no se acordaba de que David había apostado unos veinticinco centinelas
alrededor de la casa de Zebedeo, de manera que nadie podía cogerlos por sorpresa;
por eso preguntó a Jesús qué debían hacer. El Maestro permaneció allí de pie
en silencio, mientras su madre se recuperaba en el jardín de la conmoción
de haberle oído decir las palabras: "Yo no tengo madre". En ese
preciso momento, una mujer se levantó en la sala y exclamó: "Benditas
sean las entrañas que te engendraron y benditos sean los senos que te amamantaron."
Jesús se desvió un momento de su conversación con Andrés para responder a
esta mujer, diciendo: "No, bendito es más bien aquel que escucha la palabra
de Dios y se atreve a obedecerla."
1722:4 154:6.8
María y los hermanos de Jesús pensaban que Jesús no los comprendía, que había
perdido su interés por ellos, sin darse cuenta de que eran ellos los que no
lograban comprenderlo. Jesús comprendía plenamente lo difícil que es para
los hombres romper con su pasado. Sabía hasta qué punto los seres humanos
se dejan influir por la elocuencia de un predicador, y de qué modo la conciencia
responde al llamamiento emocional, como la mente responde a la lógica y a
la razón, pero también sabía que es muchísimo más difícil persuadir a los
hombres para que renuncien al pasado.
1722:5 154:6.9
Es eternamente cierto que todos los que puedan pensar que son incomprendidos
o mal apreciados, tienen en Jesús a un amigo compasivo y a un consejero comprensivo.
Había advertido a sus apóstoles que los enemigos de un hombre pueden ser los
de su propia casa, pero difícilmente había imaginado que esta predicción se
aplicaría tan de cerca a su propia experiencia. Jesús no abandonó a su familia
terrestre para hacer la obra de su Padre -fueron ellos los que lo abandonaron.
Más tarde, después de la muerte y resurrección del Maestro, cuando su hermano
Santiago se unió al movimiento cristiano primitivo, sufrió enormemente por
no haber sabido disfrutar de esta asociación inicial con Jesús y sus discípulos.
1723:1 154:6.10
Para pasar por estos acontecimientos, Jesús escogió dejarse guiar por el conocimiento
limitado de su mente humana. Deseaba sufrir la experiencia con sus compañeros
como un simple hombre. En la mente humana de Jesús estaba la idea de ver a
su familia antes de irse. No quería detenerse en medio de su discurso y transformar
así en un espectáculo público este primer encuentro después de una separación
tan larga. Había tenido la intención de terminar su alocución y luego charlar
con ellos antes de partir, pero este plan se frustró debido a la confabulación
de acontecimientos que se produjeron inmediatamente después.
1723:2 154:6.11
La llegada de un grupo de mensajeros de David a la puerta trasera de la casa
de Zebedeo hizo que aumentara su precipitación por huir. La agitación que
produjeron estos hombres asustó a los apóstoles, pues les hizo pensar que
estos recién llegados podían ser sus captores; temiendo ser arrestados inmediatamente,
se precipitaron por la puerta delantera hacia la barca que les estaba esperando.
Todo esto explica por qué Jesús no vio a su familia que lo estaba esperando
en el porche de atrás.
1723:3 154:6.12
Sin embargo, al subir a la barca en esta huida precipitada, le dijo a David
Zebedeo: "Di a mi madre y a mis hermanos que aprecio su venida, y que
tenía la intención de verlos. Recomiéndales que no se ofendan por mi conducta,
sino que traten más bien de conocer la voluntad de Dios y de tener la gracia
y el coraje de hacer esa voluntad."
7. LA HUIDA PRECIPITADA
1723:4 154:7.1 Y así,
este domingo por la mañana 22 de mayo del año 29, Jesús, con sus doce apóstoles
y los doce evangelistas, emprendió esta huida precipitada de los oficiales
del sanedrín, que se dirigían a Betsaida con la autorización de Herodes Antipas
para arrestarlo y llevarlo a Jerusalén, donde sería juzgado bajo la inculpación
de blasfemia y de otras violaciones de las leyes sagradas de los judíos. Eran
casi las ocho y media de esta hermosa mañana cuando este grupo de veinticinco
personas se sentó a los remos para bogar hacia la costa oriental del Mar de
Galilea.
1723:5 154:7.2
Una embarcación más pequeña iba detrás de la barca del Maestro, conteniendo
a los seis mensajeros de David que tenían la orden de mantenerse en contacto
con Jesús y sus compañeros, y procurar que la información sobre su paradero
y su seguridad se transmitiera regularmente a la casa de Zebedeo en Betsaida,
la cual había servido de cuartel general para la obra del reino durante algún
tiempo. Pero la casa de Zebedeo no sería nunca más el hogar de Jesús. De ahora
en adelante, y durante el resto de su vida en la tierra, el Maestro verdaderamente
"no tuvo dónde reposar su cabeza". Nunca más llegó a tener algo
que se pareciera a un domicilio fijo.
1723:6 154:7.3
Remaron hasta cerca del pueblo de Jeresa, encargaron la custodia de su barca
a unos amigos, y empezaron las peregrinaciones de este último año memorable
de la vida del Maestro en la tierra. Permanecieron algún tiempo en los dominios
de Felipe, yendo de Jeresa a Cesarea de Filipo, y desde allí se dirigieron
hacia la costa de Fenicia.
1723:7 154:7.4
La multitud permaneció alrededor de la casa de Zebedeo, observando las dos
embarcaciones que navegaban por el lago hacia la orilla oriental; ya estaban
lejos cuando los oficiales de Jerusalén llegaron precipitadamente y empezaron
a buscar a Jesús. Se negaban a creer que se les había escapado, y mientras
Jesús y su grupo viajaban hacia el norte por Batanea, los fariseos y sus ayudantes
se pasaron casi una semana entera buscándolo en vano por las inmediaciones
de Cafarnaum.
1724:1 154:7.5
La familia de Jesús volvió a sus hogares de Cafarnaum, y pasaron casi una
semana hablando, discutiendo y orando. Estaban llenos de confusión y de consternación.
No disfrutaron de tranquilidad hasta el jueves por la tarde, cuando Rut volvió
de una visita a la casa de Zebedeo, donde David le había informado que su
hermano-padre estaba a salvo y con buena salud, y se dirigía hacia la costa
de Fenicia.